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soy un pobre pastorcito que ha venido hacia belèn voy buscando al que ha nacido Dios con nosotros Manuel

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soy un pobre pastorcito que ha venido hacia belen voy buscando al que ha nacido Dios con nosotros Manuel

마지막 업데이트: 2017-04-04
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Quebré. Y entre Curas, tam, unos pareciendo, buitres, diablos, había. Iguales. Peores que los de dos piernas. otros decían: "Hijo, amor a Cristo". unos decían: "Contribución, mitayo, a trabajar en mi hacienda, a tejer dentro de iglesia, cera para monumento, aceite para lámpara, huevos de ceniza, doctrina y ciegos doctrineros. Vihuela, india a la cocina, hija a la cama. Así dijeron. Obedecí. Y después: Ron, Manuel, Salva, Antonio, Miguel, leña, carbón, huevos, pescado, piedras, ceniza, mujeres, hija, runa-llama runa-llama que en tres meses comiste más dos mil corazones de hijas. Y a mujer que tam comistes cerca de oreja de marido y de hijo, noche a noche. Brazos llevaron al mal. Ojos al llanto. Hombros al soplo de tus fuetes, Mejillas a lo duro de tus botas. En obraje de telas tam trabajé, año cuarenta días, yo, el desnudo, encerrado en oscuro calabozo, de un claror hasta el otro claror. Con puñado de maíz para mi pulso que era más delgado que el hijo que tejía trabajé, trabajé, tejí, tejí, Hice la tela con que vistieron cuerpos los señores, que le dieron desnudez y blancura a mi esqueleto. Y día viernes santo, amanecí acostado, con vómito de sangre entre hilos y lanzaderas. Así, entinté con mi alma, llena de costado, la tela de los que me desnudaron. Y a un Cristo, adrede, tam trujeron, entre lanzas, banderas y caballos. Y a su nombre, hiciéronme agradecer el hambre, la sed, los azotes diarios y la desraza de mi raza. Así avisa al mundo, amigo de mi angustia. Di. Da diciendo. Dios te pague. Y bajo ese mesmo Cristo, negra nube de buitres de trapo tam vinieron. Tantos. Hicieron cientos de casas. Miles de hijos. Robos de altar. Pillerías de cama. Dejáronme en una vera del camino, sin sur, sin norte... ¡dejáronme! Y luego en trapiches donde molían la cañas, moliéronme las manos, hermanos de tristeza bebieron mi sanguaza, Miel y sangre. ¡Y me enseñaron el triste cielo del alcohol! y la desesperanza. Dios Tipac Pachacámac, ¡Pachacámac!¡Pachacámac! Tú que no eres hembra ni varón. Tú que eres todo y eres nada, Como el venado herido por la sed te busco y sólo a ti te adoro. ¡Pachacámac! Si tan sólo supieras, amigo de mi angustia, cómo pegaban sin razón "Indio, capisayo al suelo, indio, calzoncillos al suelo, indio bocabajo, cuenta los azotes" 1, 3, 5, 7, 25, 75. Así aprendí a contar, con mi dolor y mis llagas, en tu castellano, y luego levantándome sangrando tenía que besar mano y látigo de verdugo. "Dioselopagui, amito", decía de dolor y de tristeza. En hacienda tam, entre barredoras, hierbateras y cocineras había una llamada Dulita. Un día se le cayó una escudilla de barro, Ay, se le cayó en mil pedazos. Y el mestizo Juan Ruíz, tanto odio para nosotros por retorcido de sangre pateándole las nalgas le llevó hasta la cocina Ella, ni un gemido, ni una lágrima pero dijo una palabra tan suya y tan nuestra: ¡Carajú! Y él, muy cobarde, puso una cáscara de huevo en la llama hasta que estuvo roja y le pringó en los labios, así, que se le abrieron como rosas. Cinco días no comió, yo la encontré muerta en la acequia de los excrementos. Y al Tomás Quitumbe, el hijo de Quito, que se fue huyendo de terror, por esos montes, le persiguieron; un alférez iba a la cabeza. Y él, corre que corre, como venado herido por esos montes de sigses, plata y pluma hasta que cayó herido a los pies de tantos pedernales. Cazáronle. Amarráronle el pelo a la cola de un potro alazán, y arrastráronle hasta medio de patio de la hacienda de los Chillos. Allí le rellenaron las heridas con ají y sal, así todo piernas, así todo trasero: "Amo viracocha, perdón, amo viracocha, perdón, amo viracocha, perdón". Nadie le vio morir. Pero un día volví. ¡Y ahora vuelvo! Esta tierra es mía, mía, mía para adentro, como mujer en la noche. Mía, mía para arriba, más allá del gavilán. Vuelvo, álzome! Levántome del tercer siglo, de entre los muertos! ¡y de los muertos, vengo! ¡Yo soy Juan Atampam! ¡Yo, tam! ¡Yo soy Blas Llaguarcos! ¡Yo, tam! Esta tierra es mía, la tierra se mueve con todas sus caderas sus vientres y sus mamas. ¡Yo soy el indio de América! Vengo a reclamar mi heredad. ¡Pachacámac! Aquí estoy, aquí estamos. ¡Aquí estoy!

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e cuenta que cuando Taita Imbabura era joven, empezó a salir del Imbabura (del cerro, pues este cerro es su morada) y caminaba por las noches, solo, pensando que las demás personas le iban a conocer, a ver y a criticar el por qué el Taita Imbabura tiene que salir del cerro. Como a los jóvenes que empiezan a salir de sus casas y a recorrer el vecindario y otros lugares, le decían puriqinchu ("andariego"). Caminaba, caminaba por las noches... y de pronto se encontró con la Mama Cotacachi. Caminaban juntos, pero que no podía declararse Manuel Imbabura, no podía declarar su amorío a María Cotacachi. Cuando de repente se declaró diciendo que la amaba, que la quería, y la Mama Cotacachi respondió: "Yo también desde muchos años que te conocí he estado enamorada. Pues ahora, entonces, vamos a ser enamorados". Y transcurrió el tiempo. Una vez que transcurrió el tiempo, obtuvieron un hijo. Un hijo que está a la derecha del Cotacachi, que se llamó el Yanaurcu y que está unido al cerro Cotacachi. Entonces de este amorío entre Manuel Imbabura, un hombre grande, con sombrero grande, cabeza blanca y viejo; igualmente la Mama Cotacachi, procrearon un hijo que es el cerro Yanaurcu ecuador

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traductor google español quechua Se cuenta que cuando Taita Imbabura era joven, empezó a salir del Imbabura (del cerro, pues este cerro es su morada) y caminaba por las noches, solo, pensando que las demás personas le iban a conocer, a ver y a criticar el por qué el Taita Imbabura tiene que salir del cerro. Como a los jóvenes que empiezan a salir de sus casas y a recorrer el vecindario y otros lugares, le decían puriqinchu ("andariego"). Caminaba, caminaba por las noches... y de pronto se encontró con la Mama Cotacachi. Caminaban juntos, pero que no podía declararse Manuel Imbabura, no podía declarar su amorío a María Cotacachi. Cuando de repente se declaró diciendo que la amaba, que la quería, y la Mama Cotacachi respondió: "Yo también desde muchos años que te conocí he estado enamorada. Pues ahora, entonces, vamos a ser enamorados". Y transcurrió el tiempo. Una vez que transcurrió el tiempo, obtuvieron un hijo. Un hijo que está a la derecha del Cotacachi, que se llamó el Yanaurcu y que está unido al cerro Cotacachi.  Entonces de este amorío entre Manuel Imbabura, un hombre grande, con sombrero grande, cabeza blanca y viejo; igualmente la Mama Cotacachi, procrearon un hijo que es el cerro Yanaurcu ecuador

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