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Cómo se dice vaca en kichwa

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warmi-wakra

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como se llama tu pueblo

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SE DICE QUE LAS BRUJAS SE TRANSFORMAN EN GATOS NEGROS

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como se llama el alcalde

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Como se llaman tus padres

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Hola primos hermanos como están malamañas como se han portado en esta cuarentena que nomas están pensando

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se dice que al romper un espejo tendrás 7 años de mala suerte

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Buscando entender que miércoles haremos las tres primeras semanas y como se hace para aplicar la evaluación diagnostica

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A MI MADRE (Mathias Llanos Fuentes ) Por los campos caminaba mi madre Con sus pasos cansados Ella llegaba en las tardes Con la mirada desesperada por darnos algo de comer Nos partía un pan viejo que encontró en su fogón, yo la vi y ella bajo su mirada cual hada perfecta halle en su mirada su cara marcada con surcos de dolor cual arrugas contaba cada año marcado con dolor. Por años observaba como mi madre nos apreciaba y conseguía el pán para el día que lleva para sus hijos todos los días y también observaba como se marchitaba cual bella flor acababa su juventud . Sus ojos irradiaban ternura, sus brazos Nos daban calor y consuelo en momentos De dolor, mi hermano el pequeño gozaba sus besos Cual si fueran un bom bom, mi hermana la admiraba Y con ella se quedaba. Yo observaba contento en la entrada y me encantaba como ella irradiaba paz. Veía en ella la dulzura y su infinita ternura Nunca acababa, aunque enojada estaba. Yo rogaba a Dios que nunca se la lleve Que de mi lado no se aleje cual estrealla fugaz Se aleja , de mis ojos las lágrimas rodaron cayendo al suelo que nos vio nacer y cuya tierra reseca se humedecía. Pero yo sabía que mi madrecita se iría Y grite mamá mamita no nos dejes nunca, No te vayas de nuestro lado, somos pequeños todavía. Mamita no nos dejes nosotros que haríamos en este mundo mezquino, que aún no aprendimos todo mamá mamita , la vida es dura no te vayas todavía. Tenemos mucho que ofrecerte nosotros tus hijos Queremos devolverte todo tu esfuerzo y cariño que nos diste, Señor no te la lleves todavía, te lo rogamos nosotros que haríamos sin ella Señor….. Ella ya está cansada tiene los cabellos blancos como las montañas nevadas del Illimani , su cuerpo ya no soporta la dura carga, Cuanto no quisiera ser ya grande y alivianar su carga. Vi por un instante doblarse, ella cayó al suelo No mamá que tienes mamá gritaron mis hermanos, yo corrí a su lado, ella temblando, nos llamo hijos mios nos dijo, ya llego mi hora, no sufran , no me lloren que yo sufriría y no partiría con Dios. Quiero que me recuerden y no sufran, siempre estén unidos nos dijo y se marchó, No mamá, no tu no , porque nos dejas, Señor no te la lleves por favor grite con fuerza. Vanos fueron mis intentos, su hermosa mirada Ya no estaba más, ya se fue, nos dejó y se llevó con ella Nuestros corazones, pero siempre te recordáremos Mamá….

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A MI MADRE (Mathias Llanos Fuentes ) Por los campos caminaba mi madre Con sus pasos cansados Ella llegaba en las tardes Con la mirada desesperada por darnos algo de comer Nos partía un pan viejo que encontró en su fogón, yo la vi y ella bajo su mirada cual hada perfecta halle en su mirada su cara marcada con surcos de dolor cual arrugas contaba cada año marcado con dolor. Por años observaba como mi madre nos apreciaba y conseguía el pán para el día que lleva para sus hijos todos los días y también observaba como se marchitaba cual bella flor acababa su juventud . Sus ojos irradiaban ternura, sus brazos Nos daban calor y consuelo en momentos De dolor, mi hermano el pequeño gozaba sus besos Cual si fueran un bom bom, mi hermana la admiraba Y con ella se quedaba. Yo observaba contento en la entrada y me encantaba como ella irradiaba paz. Veía en ella la dulzura y su infinita ternura Nunca acababa, aunque enojada estaba. Yo rogaba a Dios que nunca se la lleve Que de mi lado no se aleje cual estrealla fugaz Se aleja , de mis ojos las lágrimas rodaron cayendo al suelo que nos vio nacer y cuya tierra reseca se humedecía. Pero yo sabía que mi madrecita se iría Y grite mamá mamita no nos dejes nunca, No te vayas de nuestro lado, somos pequeños todavía. Mamita no nos dejes nosotros que haríamos en este mundo mezquino, que aún no aprendimos todo mamá mamita , la vida es dura no te vayas todavía. Tenemos mucho que ofrecerte nosotros tus hijos Queremos devolverte todo tu esfuerzo y cariño que nos diste, Señor no te la lleves todavía, te lo rogamos nosotros que haríamos sin ella Señor….. Ella ya está cansada tiene los cabellos blancos como las montañas nevadas del Illimani , su cuerpo ya no soporta la dura carga, Cuanto no quisiera ser ya grande y alivianar su carga. Vi por un instante doblarse, ella cayó al suelo No mamá que tienes mamá gritaron mis hermanos, yo corrí a su lado, ella temblando, nos llamo hijos mios nos dijo, ya llego mi hora, no sufran , no me lloren que yo sufriría y no partiría con Dios. Quiero que me recuerden y no sufran, siempre estén unidos nos dijo y se marchó, No mamá, no tu no , porque nos dejas, Señor no te la lleves por favor grite con fuerza. Vanos fueron mis intentos, su hermosa mirada Ya no estaba más, ya se fue, nos dejó y se llevó con ella Nuestros corazones, pero siempre te recordáremos Mamá…. A MI MADRE (Mathias Llanos Fuentes ) Por los campos caminaba mi madre Con sus pasos cansados Ella llegaba en las tardes Con la mirada desesperada por darnos algo de comer Nos partía un pan viejo que encontró en su fogón, yo la vi y ella bajo su mirada cual hada perfecta halle en su mirada su cara marcada con surcos de dolor cual arrugas contaba cada año marcado con dolor. Por años observaba como mi madre nos apreciaba y conseguía el pán para el día que lleva para sus hijos todos los días y también observaba como se marchitaba cual bella flor acababa su juventud . Sus ojos irradiaban ternura, sus brazos Nos daban calor y consuelo en momentos De dolor, mi hermano el pequeño gozaba sus besos Cual si fueran un bom bom, mi hermana la admiraba Y con ella se quedaba. Yo observaba contento en la entrada y me encantaba como ella irradiaba paz. Veía en ella la dulzura y su infinita ternura Nunca acababa, aunque enojada estaba. Yo rogaba a Dios que nunca se la lleve Que de mi lado no se aleje cual estrealla fugaz Se aleja , de mis ojos las lágrimas rodaron cayendo al suelo que nos vio nacer y cuya tierra reseca se humedecía. Pero yo sabía que mi madrecita se iría Y grite mamá mamita no nos dejes nunca, No te vayas de nuestro lado, somos pequeños todavía. Mamita no nos dejes nosotros que haríamos en este mundo mezquino, que aún no aprendimos todo mamá mamita , la vida es dura no te vayas todavía. Tenemos mucho que ofrecerte nosotros tus hijos Queremos devolverte todo tu esfuerzo y cariño que nos diste, Señor no te la lleves todavía, te lo rogamos nosotros que haríamos sin ella Señor….. Ella ya está cansada tiene los cabellos blancos como las montañas nevadas del Illimani , su cuerpo ya no soporta la dura carga, Cuanto no quisiera ser ya grande y alivianar su carga. Vi por un instante doblarse, ella cayó al suelo No mamá que tienes mamá gritaron mis hermanos, yo corrí a su lado, ella temblando, nos llamo hijos mios nos dijo, ya llego mi hora, no sufran , no me lloren que yo sufriría y no partiría con Dios. Quiero que me recuerden y no sufran, siempre estén unidos nos dijo y se marchó, No mamá, no tu no , porque nos dejas, Señor no te la lleves por favor grite con fuerza. Vanos fueron mis intentos, su hermosa mirada Ya no estaba más, ya se fue, nos dejó y se llevó con ella Nuestros corazones, pero siempre te recordáremos Mamá…. A MI MADRE (Mathias Llanos Fuentes ) Por los campos caminaba mi madre Con sus pasos cansados Ella llegaba en las tardes Con la mirada desesperada por darnos algo de comer Nos partía un pan viejo que encontró en su fogón, yo la vi y ella bajo su mirada cual hada perfecta halle en su mirada su cara marcada con surcos de dolor cual arrugas contaba cada año marcado con dolor. Por años observaba como mi madre nos apreciaba y conseguía el pán para el día que lleva para sus hijos todos los días y también observaba como se marchitaba cual bella flor acababa su juventud . Sus ojos irradiaban ternura, sus brazos Nos daban calor y consuelo en momentos De dolor, mi hermano el pequeño gozaba sus besos Cual si fueran un bom bom, mi hermana la admiraba Y con ella se quedaba. Yo observaba contento en la entrada y me encantaba como ella irradiaba paz. Veía en ella la dulzura y su infinita ternura Nunca acababa, aunque enojada estaba. Yo rogaba a Dios que nunca se la lleve Que de mi lado no se aleje cual estrealla fugaz Se aleja , de mis ojos las lágrimas rodaron cayendo al suelo que nos vio nacer y cuya tierra reseca se humedecía. Pero yo sabía que mi madrecita se iría Y grite mamá mamita no nos dejes nunca, No te vayas de nuestro lado, somos pequeños todavía. Mamita no nos dejes nosotros que haríamos en este mundo mezquino, que aún no aprendimos todo mamá mamita , la vida es dura no te vayas todavía. Tenemos mucho que ofrecerte nosotros tus hijos Queremos devolverte todo tu esfuerzo y cariño que nos diste, Señor no te la lleves todavía, te lo rogamos nosotros que haríamos sin ella Señor….. Ella ya está cansada tiene los cabellos blancos como las montañas nevadas del Illimani , su cuerpo ya no soporta la dura carga, Cuanto no quisiera ser ya grande y alivianar su carga. Vi por un instante doblarse, ella cayó al suelo No mamá que tienes mamá gritaron mis hermanos, yo corrí a su lado, ella temblando, nos llamo hijos mios nos dijo, ya llego mi hora, no sufran , no me lloren que yo sufriría y no partiría con Dios. Quiero que me recuerden y no sufran, siempre estén unidos nos dijo y se marchó, No mamá, no tu no , porque nos dejas, Señor no te la lleves por favor grite con fuerza. Vanos fueron mis intentos, su hermosa mirada Ya no estaba más, ya se fue, nos dejó y se llevó con ella Nuestros corazones, pero siempre te recordáremos Mamá…. A MI MADRE (Mathias Llanos Fuentes ) Por los campos caminaba mi madre Con sus pasos cansados Ella llegaba en las tardes Con la mirada desesperada por darnos algo de comer Nos partía un pan viejo que encontró en su fogón, yo la vi y ella bajo su mirada cual hada perfecta halle en su mirada su cara marcada con surcos de dolor cual arrugas contaba cada año marcado con dolor. Por años observaba como mi madre nos apreciaba y conseguía el pán para el día que lleva para sus hijos todos los días y también observaba como se marchitaba cual bella flor acababa su juventud . Sus ojos irradiaban ternura, sus brazos Nos daban calor y consuelo en momentos De dolor, mi hermano el pequeño gozaba sus besos Cual si fueran un bom bom, mi hermana la admiraba Y con ella se quedaba. Yo observaba contento en la entrada y me encantaba como ella irradiaba paz. Veía en ella la dulzura y su infinita ternura Nunca acababa, aunque enojada estaba. Yo rogaba a Dios que nunca se la lleve Que de mi lado no se aleje cual estrealla fugaz Se aleja , de mis ojos las lágrimas rodaron cayendo al suelo que nos vio nacer y cuya tierra reseca se humedecía. Pero yo sabía que mi madrecita se iría Y grite mamá mamita no nos dejes nunca, No te vayas de nuestro lado, somos pequeños todavía. Mamita no nos dejes nosotros que haríamos en este mundo mezquino, que aún no aprendimos todo mamá mamita , la vida es dura no te vayas todavía. Tenemos mucho que ofrecerte nosotros tus hijos Queremos devolverte todo tu esfuerzo y cariño que nos diste, Señor no te la lleves todavía, te lo rogamos nosotros que haríamos sin ella Señor….. Ella ya está cansada tiene los cabellos blancos como las montañas nevadas del Illimani , su cuerpo ya no soporta la dura carga, Cuanto no quisiera ser ya grande y alivianar su carga. Vi por un instante doblarse, ella cayó al suelo No mamá que tienes mamá gritaron mis hermanos, yo corrí a su lado, ella temblando, nos llamo hijos mios nos dijo, ya llego mi hora, no sufran , no me lloren que yo sufriría y no partiría con Dios. Quiero que me recuerden y no sufran, siempre estén unidos nos dijo y se marchó, No mamá, no tu no , porque nos dejas, Señor no te la lleves por favor grite con fuerza. Vanos fueron mis intentos, su hermosa mirada Ya no estaba más, ya se fue, nos dejó y se llevó con ella Nuestros corazones, pero siempre te recordáremos Mamá….

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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «... los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza». Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar (que era hombre docto, graduado en Sigüenza), sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra, o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mismo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga. En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero; pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura. En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje. Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque (según se decía él a sí mesmo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo. Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della. Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse: porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él: «Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: «Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»? ¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.

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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «... los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza». Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar (que era hombre docto, graduado en Sigüenza), sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra, o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mismo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga. En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero; pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura. En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje. Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque (según se decía él a sí mesmo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo. Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della. Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse: porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él: «Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: «Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»? ¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.

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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «... los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza». Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar (que era hombre docto, graduado en Sigüenza), sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra, o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mismo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga. En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero; pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura. En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del extraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje. Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque (según se decía él a sí mesmo) no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante, nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo. Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde, como queda dicho, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadís de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della. Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse: porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él: «Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: «Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»? ¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.

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INTRODUCCIÓN El conocimiento matemático es una herramienta básica para la comprensión y manejo de la realidad en que vivimos. Su aprendizaje, además de durar toda la vida, debe comenzar lo antes posible para que el niño se familiarice con su lenguaje, su manera de razonar y de deducir. El descubrimiento, la exploración, la práctica continua de procedimientos acciones sistemáticas, ordenadas y encaminadas hacia un fin, y la mediación intencionada del adulto permitirá a los niños de la Institución Educativa Inicial N° 191 “Niño Jesús” de la Comunidad de Acpitan. El juego bien orientado va a ser una fuente de grandes provechos, porque entre el juego y la vida real, el niño seleccionará, comprenderá e interpretara aquello que más le interese. “El juego al ser relevante para su vida futura constituye un medio para mejorar la inteligencia y se dice que el juego contenga una estructura e inhiba la espontaneidad, La tesis está dividida en Cuatro Capítulos: CAPITULO I: Comprende el Planteamiento del Problema, la Formulación de Objetivos y Justificación de la Investigación, Limitaciones de la Investigación y la respectiva Viabilidad de estudio. CAPÍTULO II: comprende el Marco Teórico; este abarca los Antecedentes de la Investigación, Bases teóricas, definiciones conceptuales y formulación de la hipótesis, Variables de Estudios y sus indicadores. CAPÍTULO III: comprende la Metodología; que abarca el Diseño Metodológico de Investigación, la Población y Muestra, Operacionalización de Variables, Técnicas e Instrumentos de Recolección de Datos, Técnicas para el Procesamiento de la Información. CAPÍTULO IV: comprende Recursos y Cronograma, donde se estudia los Recursos Humanos, Recursos Económicos y Recursos Físicos. Conclusiones, Recomendaciones, Bibliografías y Anexos.

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INTRODUCCIÓN El conocimiento matemático es una herramienta básica para la comprensión y manejo de la realidad en que vivimos. Su aprendizaje, además de durar toda la vida, debe comenzar lo antes posible para que el niño se familiarice con su lenguaje, su manera de razonar y de deducir. El descubrimiento, la exploración, la práctica continua de procedimientos acciones sistemáticas, ordenadas y encaminadas hacia un fin, y la mediación intencionada del adulto permitirá a los niños de la Institución Educativa Inicial N° 191 “Niño Jesús” de la Comunidad de Acpitan. El juego bien orientado va a ser una fuente de grandes provechos, porque entre el juego y la vida real, el niño seleccionará, comprenderá e interpretara aquello que más le interese. “El juego al ser relevante para su vida futura constituye un medio para mejorar la inteligencia y se dice que el juego contenga una estructura e inhiba la espontaneidad, La tesis está dividida en Cuatro Capítulos: CAPITULO I: Comprende el Planteamiento del Problema, la Formulación de Objetivos y Justificación de la Investigación, Limitaciones de la Investigación y la respectiva Viabilidad de estudio. CAPÍTULO II: comprende el Marco Teórico; este abarca los Antecedentes de la Investigación, Bases teóricas, definiciones conceptuales y formulación de la hipótesis, Variables de Estudios y sus indicadores. CAPÍTULO III: comprende la Metodología; que abarca el Diseño Metodológico de Investigación, la Población y Muestra, Operacionalización de Variables, Técnicas e Instrumentos de Recolección de Datos, Técnicas para el Procesamiento de la Información. CAPÍTULO IV: comprende Recursos y Cronograma, donde se estudia los Recursos Humanos, Recursos Económicos y Recursos Físicos. Conclusiones, Recomendaciones, Bibliografías y Anexos.

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INTRODUCCIÓN El conocimiento matemático es una herramienta básica para la comprensión y manejo de la realidad en que vivimos. Su aprendizaje, además de durar toda la vida, debe comenzar lo antes posible para que el niño se familiarice con su lenguaje, su manera de razonar y de deducir. El descubrimiento, la exploración, la práctica continua de procedimientos acciones sistemáticas, ordenadas y encaminadas hacia un fin, y la mediación intencionada del adulto permitirá a los niños de la Institución Educativa Inicial N° 191 “Niño Jesús” de la Comunidad de Acpitan. El juego bien orientado va a ser una fuente de grandes provechos, porque entre el juego y la vida real, el niño seleccionará, comprenderá e interpretara aquello que más le interese. “El juego al ser relevante para su vida futura constituye un medio para mejorar la inteligencia y se dice que el juego contenga una estructura e inhiba la espontaneidad, La tesis está dividida en Cuatro Capítulos: CAPITULO I: Comprende el Planteamiento del Problema, la Formulación de Objetivos y Justificación de la Investigación, Limitaciones de la Investigación y la respectiva Viabilidad de estudio. CAPÍTULO II: comprende el Marco Teórico; este abarca los Antecedentes de la Investigación, Bases teóricas, definiciones conceptuales y formulación de la hipótesis, Variables de Estudios y sus indicadores. CAPÍTULO III: comprende la Metodología; que abarca el Diseño Metodológico de Investigación, la Población y Muestra, Operacionalización de Variables, Técnicas e Instrumentos de Recolección de Datos, Técnicas para el Procesamiento de la Información. CAPÍTULO IV: comprende Recursos y Cronograma, donde se estudia los Recursos Humanos, Recursos Económicos y Recursos Físicos. Conclusiones, Recomendaciones, Bibliografías y Anexos.

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la cascada de los deseos cuenta la historia de que en un bosque no muy bonito por fuera pero una vez que entras encuentras maravillas naturales inexplicables se encuentra la cascada de los deseos a la que se dice que le puedes pedir cualquier cosa como: ser rico, conseguir el amor, curar a una persona o animal enfermo.

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RESUMEN El objetivo de estudio de la presente investigación es producir patos bebes para comercializar en el distrito de Santa Ana a través de la incubadora manejado por los integrantes del proyecto en el año 2021. Para lo cual, se aplicó el método de investigación cuantitativa, siendo el tipo de estudio por su finalidad aplicada, y el diseño cuasi experimental. Los materiales y equipos más usados han sido en base a la incubadora, donde se controla la temperatura, la humedad y entre otras variables y el insumo primordial es los huevos de patos que necesita una buena selección para producción de patitos bebes en 35 días. La población estuvo conformado por los pobladores que compran patitos para hacer crecer y comercializar que asciende un aproximado como promedio entre 7,000 a 8, 000 compradores siendo esto nuestra población de estudio de los cuales se extrajo intencionalmente la muestra de 200 personas que compran patitos a quienes se les aplico la encuesta de 10 preguntas con alternativas cerradas. Los resultados de la presente investigación muestra que los patos bebes incubados en pintobamba se comercializan a precios más cómodos en vista los productores son Quillabambinos. En la actualidad se viene atiendo a la demanda insatisfecha tal como se muestra en los cuadros estadístico. Así mismo al realizar el estudio de mercado la demanda es los patitos bebes de raza muscovy.

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EL SOL CAE EN UN MAR ROJO DE NUBES RECUERDO CUANDO CAE TU MIRADA TRISTE LA ULTIMA VEZ ANTES DEL A DIOS . EN EL MOMENTO DE LLEGAR LA NOCHE FRIA MI CORAZON FRIBOLO Y MAZOQUISTA HACE LA ANALOGIA DE LOS SENTIMIENTOS DE ESE MOMENTO DE AGONIA . LA LUNA SE LEVANTA ANTE MIS OJOS COMO TU CABEZA LLEVANDO CONSIGO LA LUNA QUE SON TUS OJOS . COMO EL SOL APAGADO PERO BRILLANTE . EL CALOR DE LA TARDE SE EXTINGUE COMO SE EXTINGUE TU ABRAZO CALIDO Y SE TORNA FRIO EN EL ADIOS INEVITABLE. CHAO

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En la presente investigación se formuló el siguiente problema: ¿El uso de los títeres influenciaría en la expresión oral de los pre-escolares de la institución educativa inicial n°432-85/mxp arizona, vinchos, ayacucho? Por ende, tuvimos que plantear el siguiente objetivo: Descubrir y desarrollar todas los posibles efectos del uso de los títeres influencia en la expresión oral de los pre-escolares de la institución educativa inicial n°432-85/mxp arizona, vinchos, ayacucho. La hipótesis de esta obra de invstigación fue lo siguiente: el uso de los títeres influencia favorablemente en la expresión oral de los pre-escolares de la institución educativa inicial n°432-85/mxp arizona, vinchos, ayacucho. Dicha empresa suscitó en nosotras la necesidad de aplicar de forma precisa el método científico; expresado, como se verá, de una forma deductiva. De la elección intencional de 20 niños de 5 años de la Institución Educativa Inicial N°432-85/MxP Arizona, Vinchos, Ayacucho, siguió un examen pre-experimental GE O1X O2; donde: GE conforma el Grupo de sujetos; O1, la medición pre-experimental de la variable dependiente (pre test); y, X el plan de intervención; junto con O2, la medición post-experimental de la variable dependiente (pos-test). En conclusión, la Tesis del presente trabajo de investigación sustenta que el aprovechamiento de los recursos pedagógicos del titeretismo conseguiría la rápida mejora de la expresión oral de los pre-escolares de la institución educativa inicial n°432-85/mxp arizona, vinchos, ayacucho; a la vez que se optimizaría sorprendentemente las horas de clase en sus aulas.

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