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Quechua

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Español

Yo trabajo en el hospital

Quechua

Última actualización: 2020-08-21
Frecuencia de uso: 2
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yo trabajo en una escuela

Quechua

Última actualización: 2020-08-15
Frecuencia de uso: 1
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JOSE trabaja en un comedor

Quechua

Última actualización: 2020-10-17
Frecuencia de uso: 1
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mi papá trabaja en un laboratorio dental

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Última actualización: 2020-09-08
Frecuencia de uso: 1
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Español

Juan trabaja en el campo junto a su hijo

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Última actualización: 2020-07-26
Frecuencia de uso: 2
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Español

Como están mi nombre es Esther Marin León soy de concepción, trabajo en el CEM de jauja vivo en la provincia de concepción soy de profesión abogada y tengo mi familia.

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Última actualización: 2020-08-30
Frecuencia de uso: 1
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en la ferias se trabaja en el comercio y se compra lo uno necesita

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Última actualización: 2020-06-24
Frecuencia de uso: 1
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EL AÑO 2000 TRABAJE EN FONCODES COMO SUPERVISOR DE PROYECTOS PRODUCTIVOS EN LA REGION HUANCAVELICA

Quechua

Última actualización: 2020-07-24
Frecuencia de uso: 1
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Referencia: Anónimo

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Buenos licenciado Milton Shiguango, docente de lengua ancestral, mi nombre es Juan Pichisaca trabajo en la escuela Santa Elena de la parroquia la Belleza km 57 la Sangay Tena, espero que nos ayude para entender mejor esta hermosa lengua ancestral, el inconveniente que tengo es la falta de internet ya que tengo que viajar 1 hora para realizar las tareas.

Quechua

Última actualización: 2020-07-30
Frecuencia de uso: 1
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Español

Lucero, la niña hecha mujer En el pueblo de Ocros, distrito de Huamanga, ubicado en el departamento de Ayacucho, tierra de esbeltas vicuñas y aves que posan dócilmente en la puna, ahí vivía Lucero, junto a su madre. Para Lucero, los días eran difíciles porque su madre la maltrataba y siempre le reprochaba que, a causa de su llegada, su esposo la había dejado. Un día una de sus tías le contó que sus padres, Isabel y Máximo, se querían mucho. Tu papá estaba muy ansioso de tu nacimiento -le dijo, pero él quería que llegue un hijo hombre. Por las tardes le acariciaba la panza a tu mamá y le cantaba: Hijito mío, pronto llegarás Y cuando seas grande, tú me ayudarás Juntos labraremos esta bendita tierra, y cuidaremos de nuestros animalitos. Lucero sonreía cuando su tía le contaba esas historias. A través de ellas, sentía el cariño que le había brindado su padre. Tía, me cuentas, ¿cómo nací? – preguntó Lucero. Y su tía le dijo: Cierta mañana, Isabel iba al corral del pueblo y tu papá le pidió que no vaya, pues ya estaba en días de dar a luz. Pero tu mamá le respondió que no tenga temor, pues ella era una mujer fuerte. Y así tu mamá se fue hacia los jatos, iba cantando cuando a medio camino comenzó con los dolores de parto y como mujer fuerte que era, como somos las mujeres de este pueblo, ahí te trajo al mundo. Ella misma cortó su placenta con una piedra filuda. Y cuando quiso abrigarte con su manta, se dio cuenta que eras una niña. ¡No!, warmicha, no- gritó tu mamá, yo quería mi jari, ahora qué le diré al Máximo- era la preocupación de Isabel. Mejor la dejaré por aquí y diré que nació muerta- fue su pensamiento desesperado. Y así lo hizo, te dejó sobre unas pajas. Y cuando regresaba a su casa se encontró con su suegra, doña Victoria Morales. ¿Qué haces por aquí, Isabelacha? ¿Ya no tienes panza? ¿Ya nació mi nieto? ¿Dónde está? ¿Ya Máximo estará contento?, era una avalancha de preguntas. Tu mamá agachó la cabeza y le dijo: -Ha nacido mujer, por eso la he dejado en el camino, encima de unas pajas. -¿Cómo vas a hacer eso? – le reprochó doña Victoria- ahora mismo vamos a regresar Isabelacha, recoges a tu hija y le vas a dar de mamar, no seas mala madre. Así fue como tu madre Isabel y tu abuela Victoria llegaron hasta tu casa. Pero cuando tu padre te vio y supo que eras una niña en vez del varón que tanto deseaba se molestó mucho. Todos los familiares le calmaron diciéndole que así Dios manda y que hay que aceptar su voluntad. A las pocas semanas te bautizaron y te pusieron de nombre Lucero, porque desde pequeña has tenido unos grandes y hermosos ojos. Pero desde ese tiempo ya tus padres empezaron con los problemas y cuando tú cumpliste los dos años, tu papá se alejó del hogar. Por eso tu madre se quedó con mucha tristeza y rabia contra la vida. Cuando su tía le contaba esta parte de su historia, Lucero sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. Desde pequeña, Lucero, iba a cuidar las ovejas de sus tíos y en pago ellos le daban maíz, leche, queso y otros alimentos que traían de la ciudad, pero Isabel nunca estaba conforme y siempre le echaba la culpa a su hija, por todas las cosas malas que le sucedían. -Mujer, no sirves, no vales nada – le reprochaba Isabel a su hija. Y Lucero apretaba los labios y en silencio lloraba. Lucero siguió creciendo y ya tenía 12 años, se había convertido en una adolescente muy hermosa. Tenía una belleza silvestre y natural, como las esbeltas vicuñitas de su región; más de un jovencito quería conquistar su corazón, pero Lucero no tenía tiempo para esas cosas. Uno de esos días llegó al pueblo un apuesto vecino, era Celedonio, quien había regresado de Lima a celebrar sus veintisiete años junto a sus padres. Celedonio vestía ternos y en su bolsillo llevaba siempre su quena, todas las chicas del barrio suspiraban por él; pero Celedonio había quedado impresionado por la belleza de Lucero. Cuando la veía pasar se acercaba a ella y le cantaba: Ay, Lucerito, con tus ojos bonitos, has conquistado mi corazón. Ay, Lucerito, tú eres la luz que mi vida necesita. Te necesito para ser feliz. Lucero, por su parte, no tenía interés en Celedonio, pero su madre Isabel quería que se junten, pues pensaba que el joven tenía alguna fortuna en Lima. Y fue así, que las madres de Lucero y Celedonio arreglaron para que ellos se casen. Y llegó el día de la boda, todo parecía felicidad, pero a los tres meses de casados, Celedonio y Lucero se separaron. Él decía que ella no sabía comportarse como la señora de la casa y tampoco sabía cocinar. Así fue como Lucero regresó a su casa, junto a su madre. Ella no paraba de gritarle que no servía para nada, ni para contentar a su esposo. Lucero sufría mucho, pero se consolaba pensando: -Mejor estoy en mi casa, junto a mi madre, en lugar de estar junto a un hombre que solo sirve para tomar y chacchar coca. Pero en el fondo, Lucero extrañaba a Celedonio, pues en los meses de convivencia él nunca le había ofendido. Pero la tía que siempre iba a saludarle, llegó una de esas tardes a su casa y le dijo que mejor denuncie a Celedonio, pues aún era menor de edad. Y luego se fue a casa de Celedonio a reclamarle. Cuando Celedonio se enteró que podían denunciarle fue a conversar con su mamá y con Isabel para arreglar las cosas. Ya en casa de Isabel, Celedonio conversó con Lucero y le dijo que le perdone por haberla dejado abandonada, le pidió que regrese con él, porque eran esposos y le prometió que él le enseñaría a cocinar, pues en Lima había aprendido. Lucero aceptó el pedido de Celedonio y le dijo que lo que más le molestaba era que se iba con sus amigos a tomar. También le aseguró que aprendería a cocinar. Y le hizo prometer que le apoyaría para que pueda continuar sus estudios de Secundaria. Entonces, Lucero y Celedonio volvieron a juntarse y luego de unos meses, Celedonio recibió una oferta de trabajo desde Lima, su padrino le había conseguido un trabajo en una ladrillería. Esta fue una gran oportunidad, Lucero continuaría sus estudios en Lima y dejaría atrás los tristes momentos que había vivido en su pueblo. Ahora, ya convertida en adulta, por el matrimonio, se abriría un mejor porvenir.

Quechua

Última actualización: 2020-10-18
Frecuencia de uso: 1
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Referencia: Anónimo

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Buenas tardes Profesor y Compañeros de aula! Mi nombre es Lila Dayana, soy abogada de profesión, trabajo en la Empresa Siderúrgica del Mutún, ubicada en Puerto Suarez, Provincia Germán Busch del Departamento de Santa Cruz, de donde también soy natural, tengo 37 años, soy soltera y vivo con mis hermanos mayores, de nombres José y María y mi sobrina Leandra Natalia y tengo seis (6) gatitos. Trabajo de lunes a viernes, desde las 08:00 de la mañana, hasta las 02:00 de la tarde, el micro de la empresa nos lleva y nos trae hasta nuestro domicilio, mi trabajo es muy dinámico, entre las responsabilidades del trabajo administrativo e ir a la mina de hierro en el mutún, es un paisaje muy bello, estar, mirar y poder subir allá, es otra prueba grandiosa de la fidelidad y amor de Dios por nosotros, es realmente único y hermoso, me siento feliz de servir a mi pueblo desde aquel lugar y también estoy feliz de haberme inscrito a éste curso de quechua básico y conocerlos a Ustedes, así sea a través de la pantalla del celular. Muchas Gracias.

Quechua

Última actualización: 2020-07-05
Frecuencia de uso: 1
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Referencia: Anónimo

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¡Buen día! Como están les saluda el profesor Estanislao Gilmer Felipe Huacán tengo 52 años y soy natural de Moquegua, actualmente trabajo en Torata en el colegio del nivel secundaria, soy profesor de Historia y geografía con 25 años de servicio. Me he inscrito en este curso virtual de quechua sureño porque veo que me estoy olvidando de esta lengua, por falta de práctica y tengo expectativas de mejorar en el habla y en la escritura para poder enseñar a mis hijos y alumnos.

Quechua

Última actualización: 2020-04-29
Frecuencia de uso: 3
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Referencia: Anónimo

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