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maría juega en su casa

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Maria estudia en el rincon de su casa

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JUAN TIEN UNA FLORSOTA EN SU JARDIN

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USTEDES ESCRIBEN QUECHUA EN SU CUADERNO

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USTEDES ESCRIBEN QUECHUA EN SU CUADERNO

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El campesino en su lecho de muerte

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niños entonando una canción en su lengua materna

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a canción en su lengua materna

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niños entonando una canción en su lengua materna

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un pueblo que se identifica en su cultura es un pueblo invensible

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Hola Don Pepito Hola Don José Pasó usted ya por casa Por su casa yo pasé. Vio usted a mi abuela A su abuela yo a vi Adiós Don Pepito Adiós Don José.

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Lesley y Patisela Felicidades en su boda disfruten en esta etapa juntos que Dios les conceda todas las alegrías necesarias para que el matrimonio que inician sea absolutamente mejor de lo que esperan con mucho amor de toda la familia Camacho Urbina.

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en un dia de sol en el fomdo del mar, delfin fue a visitar a su amiga la estrella mar que vivia en un castillo de algas, cuidado con las estrellas dijo el camaron cuando se hacercaban al castillo te pueden encerrar en su castillo

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El amor de una madre por su hijo es como ninguna otra cosa en el mundo. No conoce la ley, no tiene lástima, desafía todas las cosas y aplasta sin piedad todo lo que se interpone en su camino

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Altar Altar del incienso. El altar del incienso (también llamado “altar de oro” [Éx 39:38]) estaba igualmente hecho de madera de acacia, pero “su superficie superior y sus lados” estaban revestidos de oro. Alrededor de la parte superior había un borde de oro. El altar medía 44,5 cm. de lado y 89 cm. de alto, y también tenía “cuernos” que salían de las cuatro esquinas superiores. Debajo del borde de oro, y en dos costados opuestos, había dos anillos de oro para insertar los varales de madera de acacia recubiertos de oro que se usaban para transportar el altar (Éx 30:1-5; 37:25-28). En este altar se quemaba un incienso especial dos veces al día, por la mañana y al atardecer (Éx 30:7-9, 34-38). En otras partes se menciona el uso de un incensario o un braserillo para quemar incienso, que también se empleaba en conexión con el altar del incienso (Le 16:12, 13; Heb 9:4; Rev 8:5; compárese con 2Cr 26:16, 19). El altar del incienso estaba colocado dentro del tabernáculo, justo delante de la cortina del Santísimo, por lo que se dice que estaba “delante del arca del testimonio” (Éx 30:1, 6; 40:5, 26, 27). Incienso El incienso sagrado prescrito para usarse en el tabernáculo del desierto se componía de materiales costosos contribuidos por la congregación (Éx 25:1, 2, 6; 35:4, 5, 8, 27-29). Cuando Jehová le dio a Moisés la fórmula divina para esta mezcla de cuatro componentes, le dijo: “Tómate perfumes: gotas de estacte y uña olorosa y gálbano perfumado y olíbano puro. Debe haber la misma porción de cada uno. Y tienes que hacer de ello un incienso, una mezcla de especias, obra de ungüentario, sazonado con sal, puro, cosa santa. Y tienes que machacar parte de él hasta convertirlo en polvo fino y tienes que poner parte de él delante del Testimonio en la tienda de reunión, donde me presentaré a ti. Debe serles santísimo”. Luego, para grabar en ellos la exclusividad y santidad del incienso, Jehová añadió: “Cualquiera que haga uno semejante a él para disfrutar de su olor tiene que ser cortado de su pueblo” (Éx 30:34-38; 37:29). Altar Altares del tabernáculo. De acuerdo con el diseño divino, se construyeron para el tabernáculo dos altares: el altar de la ofrenda quemada (también llamado “altar de cobre” [Éx 39:39]) y el altar del incienso. El primero, que tenía forma de un cajón hueco, estaba hecho de madera de acacia, y al parecer carecía de tapa y de fondo. Medía 2,2 m. de lado y 1,3 m. de alto, y de las cuatro esquinas superiores salían “cuernos”. Estaba revestido de cobre en su totalidad. Asimismo, tenía un enrejado o rejilla de cobre debajo del canto del altar, “por dentro” y “hacia el centro”. En sus cuatro extremidades, “cerca del enrejado”, había cuatro anillos, y parece que por ellos se pasaban los dos varales de madera de acacia revestidos de cobre que se usaban para transportar el altar. De esta descripción se desprende que quizás se había hecho una ranura en dos de los lados del altar para poder insertar una rejilla plana, y que los anillos sobresalían por ambos lados. No obstante, las opiniones de los eruditos en la materia varían de forma considerable. Muchos creen que había dos juegos de anillos y que los del segundo juego, por los que se insertaban los varales para transportar el altar, estaban adosados directamente a su parte exterior. Algunos de los utensilios de cobre del altar eran los recipientes y las palas para la ceniza, los tazones para recoger la sangre de los animales, los tenedores para manipular la carne y los braserillos (Éx 27:1-8; 38:1-7, 30; Nú 4:14).

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Altar Altar del incienso. El altar del incienso (también llamado “altar de oro” [Éx 39:38]) estaba igualmente hecho de madera de acacia, pero “su superficie superior y sus lados” estaban revestidos de oro. Alrededor de la parte superior había un borde de oro. El altar medía 44,5 cm. de lado y 89 cm. de alto, y también tenía “cuernos” que salían de las cuatro esquinas superiores. Debajo del borde de oro, y en dos costados opuestos, había dos anillos de oro para insertar los varales de madera de acacia recubiertos de oro que se usaban para transportar el altar (Éx 30:1-5; 37:25-28). En este altar se quemaba un incienso especial dos veces al día, por la mañana y al atardecer (Éx 30:7-9, 34-38). En otras partes se menciona el uso de un incensario o un braserillo para quemar incienso, que también se empleaba en conexión con el altar del incienso (Le 16:12, 13; Heb 9:4; Rev 8:5; compárese con 2Cr 26:16, 19). El altar del incienso estaba colocado dentro del tabernáculo, justo delante de la cortina del Santísimo, por lo que se dice que estaba “delante del arca del testimonio” (Éx 30:1, 6; 40:5, 26, 27). Incienso El incienso sagrado prescrito para usarse en el tabernáculo del desierto se componía de materiales costosos contribuidos por la congregación (Éx 25:1, 2, 6; 35:4, 5, 8, 27-29). Cuando Jehová le dio a Moisés la fórmula divina para esta mezcla de cuatro componentes, le dijo: “Tómate perfumes: gotas de estacte y uña olorosa y gálbano perfumado y olíbano puro. Debe haber la misma porción de cada uno. Y tienes que hacer de ello un incienso, una mezcla de especias, obra de ungüentario, sazonado con sal, puro, cosa santa. Y tienes que machacar parte de él hasta convertirlo en polvo fino y tienes que poner parte de él delante del Testimonio en la tienda de reunión, donde me presentaré a ti. Debe serles santísimo”. Luego, para grabar en ellos la exclusividad y santidad del incienso, Jehová añadió: “Cualquiera que haga uno semejante a él para disfrutar de su olor tiene que ser cortado de su pueblo” (Éx 30:34-38; 37:29). Altar Altares del tabernáculo. De acuerdo con el diseño divino, se construyeron para el tabernáculo dos altares: el altar de la ofrenda quemada (también llamado “altar de cobre” [Éx 39:39]) y el altar del incienso. El primero, que tenía forma de un cajón hueco, estaba hecho de madera de acacia, y al parecer carecía de tapa y de fondo. Medía 2,2 m. de lado y 1,3 m. de alto, y de las cuatro esquinas superiores salían “cuernos”. Estaba revestido de cobre en su totalidad. Asimismo, tenía un enrejado o rejilla de cobre debajo del canto del altar, “por dentro” y “hacia el centro”. En sus cuatro extremidades, “cerca del enrejado”, había cuatro anillos, y parece que por ellos se pasaban los dos varales de madera de acacia revestidos de cobre que se usaban para transportar el altar. De esta descripción se desprende que quizás se había hecho una ranura en dos de los lados del altar para poder insertar una rejilla plana, y que los anillos sobresalían por ambos lados. No obstante, las opiniones de los eruditos en la materia varían de forma considerable. Muchos creen que había dos juegos de anillos y que los del segundo juego, por los que se insertaban los varales para transportar el altar, estaban adosados directamente a su parte exterior. Algunos de los utensilios de cobre del altar eran los recipientes y las palas para la ceniza, los tazones para recoger la sangre de los animales, los tenedores para manipular la carne y los braserillos (Éx 27:1-8; 38:1-7, 30; Nú 4:14).

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Altar Altar del incienso. El altar del incienso (también llamado “altar de oro” [Éx 39:38]) estaba igualmente hecho de madera de acacia, pero “su superficie superior y sus lados” estaban revestidos de oro. Alrededor de la parte superior había un borde de oro. El altar medía 44,5 cm. de lado y 89 cm. de alto, y también tenía “cuernos” que salían de las cuatro esquinas superiores. Debajo del borde de oro, y en dos costados opuestos, había dos anillos de oro para insertar los varales de madera de acacia recubiertos de oro que se usaban para transportar el altar (Éx 30:1-5; 37:25-28). En este altar se quemaba un incienso especial dos veces al día, por la mañana y al atardecer (Éx 30:7-9, 34-38). En otras partes se menciona el uso de un incensario o un braserillo para quemar incienso, que también se empleaba en conexión con el altar del incienso (Le 16:12, 13; Heb 9:4; Rev 8:5; compárese con 2Cr 26:16, 19). El altar del incienso estaba colocado dentro del tabernáculo, justo delante de la cortina del Santísimo, por lo que se dice que estaba “delante del arca del testimonio” (Éx 30:1, 6; 40:5, 26, 27). Incienso El incienso sagrado prescrito para usarse en el tabernáculo del desierto se componía de materiales costosos contribuidos por la congregación (Éx 25:1, 2, 6; 35:4, 5, 8, 27-29). Cuando Jehová le dio a Moisés la fórmula divina para esta mezcla de cuatro componentes, le dijo: “Tómate perfumes: gotas de estacte y uña olorosa y gálbano perfumado y olíbano puro. Debe haber la misma porción de cada uno. Y tienes que hacer de ello un incienso, una mezcla de especias, obra de ungüentario, sazonado con sal, puro, cosa santa. Y tienes que machacar parte de él hasta convertirlo en polvo fino y tienes que poner parte de él delante del Testimonio en la tienda de reunión, donde me presentaré a ti. Debe serles santísimo”. Luego, para grabar en ellos la exclusividad y santidad del incienso, Jehová añadió: “Cualquiera que haga uno semejante a él para disfrutar de su olor tiene que ser cortado de su pueblo” (Éx 30:34-38; 37:29). Altar Altares del tabernáculo. De acuerdo con el diseño divino, se construyeron para el tabernáculo dos altares: el altar de la ofrenda quemada (también llamado “altar de cobre” [Éx 39:39]) y el altar del incienso. El primero, que tenía forma de un cajón hueco, estaba hecho de madera de acacia, y al parecer carecía de tapa y de fondo. Medía 2,2 m. de lado y 1,3 m. de alto, y de las cuatro esquinas superiores salían “cuernos”. Estaba revestido de cobre en su totalidad. Asimismo, tenía un enrejado o rejilla de cobre debajo del canto del altar, “por dentro” y “hacia el centro”. En sus cuatro extremidades, “cerca del enrejado”, había cuatro anillos, y parece que por ellos se pasaban los dos varales de madera de acacia revestidos de cobre que se usaban para transportar el altar. De esta descripción se desprende que quizás se había hecho una ranura en dos de los lados del altar para poder insertar una rejilla plana, y que los anillos sobresalían por ambos lados. No obstante, las opiniones de los eruditos en la materia varían de forma considerable. Muchos creen que había dos juegos de anillos y que los del segundo juego, por los que se insertaban los varales para transportar el altar, estaban adosados directamente a su parte exterior. Algunos de los utensilios de cobre del altar eran los recipientes y las palas para la ceniza, los tazones para recoger la sangre de los animales, los tenedores para manipular la carne y los braserillos (Éx 27:1-8; 38:1-7, 30; Nú 4:14).

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Un día en la sierra muy lejana vivía la familia de María y Ashukito, cierto día Mercedes (mamá), María y Ashukito van a visitar la tumba de su papá que murió a causa de la discriminación y racismo a las personas indígenas cuando fue a buscar trabajo a la capital, María le pregunta a su mamá… ¿mami porqué murió mi papá? su mamá responde… hijita tu papi murió porque años atrás las personas que iban a buscar un futuro mejor a la capital morían por discriminación y racismo hacia ellos. María responde ¿mami que es racismo y discriminación? … ¿acaso es una enfermedad? … su mamá responde… no hijita racismo y discriminación no es una enfermedad ya que el racismo es una ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país mientras que discriminación es trato diferente y perjudicial que se da a una persona por motivos de raza, sexo, ideas políticas, religión, etc.…. María responde… Halla mami gracias. Buenos hijitos míos vámonos ya es tarde y tengo que decirles algo muy importante… los niños responden… está bien mami vamos a la casa y a ver a las ovejitas. Al llegar a su casa Mercedes sentó a sus hijos y les dijo… Hijitos míos estoy mal de salud tengo que ir a la capital para ir a buscar a un doctor que me pueda curar de esta enfermedad que tengo

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El viajero lampeño. Había una vez un abuelo llamado. Vicente Cari, que vivió en la comunidad ceja Miraflores, perteneciente a nuestra provincia de Lampa, en aquellos tiempos no existía medios de transporte, por lo que las persona se trasladaban largas distancia como a otros departamentos, que para llegar a su destino demoraban semanas y meses , por lo que viajaban solo a pie con sus llamas llevando cargas de productos tales como el charqui,el chuño, la quinua, la cañihua y entre otros, para su intercambio de otros productos, como el maíz y las frutas, , a lo que ellos llamaban (el trueque). Don Vicente en ese entonces tenía la necesidad de hacer un largo viaje por lo que busco viajeros a ls ciudad del Cusco, en que a algunos pobladores de la comunidad y del pueblo de Lampa les preguntaba, que si alguien viajaría hacia cusco, para poder acompañar, para su suerte no había nadie quien viajara a dicho lugar en ese entonces, y al pasar las horas no puedo encontrar a nadie. Por lo que don Vicente Cari, se dijo así mismo ¡iré con mi hija menor Jesusa! Para que me haga compañía en todo el trayecto y de paso me ayudara a arrear las llamas, para entonces la hija menor solo tenía tan solamente 7 añitos, fue a su casa y le dijo a su esposa sobre su plan del viaje y compañía, su esposa le contesto con cierta tristeza que tuviera mucho cuidado en el trayecto del viaje. Don Vicente, lo tuvo en cuenta y se alisto, y su esposa le preparó su fiambre “cañihuaco” cigarro, coca, alcohol y su látigo, así mismo peino y espejo porque se decía que en esos tiempos siempre los viajeros encontraban con sorpresas nada deseables, sin más escuchar otras cosas a su esposa se marcharon camino al Cusco con su hija menor Jesusa, llevando consigo varias llamas cada uno de estos animales llevaban en su lomo carga de productos para su intercambio. En el trayecto de lampa a Cusco caminaban tranquilos y a medio camino se encontraban con personas, y se hacían compañía hacia Cusco,. Al llegar a los pies del cerro Ausangate, don Vicente no se preocupó porque estaba con otro viajero más, ya que este cerro tiene cierta fama de que existe los llamados “condenados” personas que se condenaron después de muertos, y que viven en este cerro estaos condenados, don Vicente saco su cigarro y fumo, tomo su alcohol y siguió su ruta, por lo que sus acompañantes también hicieron lo mismo. Muchas veces su hija menor de don Vicente se quedaba dormida en el trayecto, cargándola en su atado en el hombro don Vicente, ya que el viaje era días y noches don Vicente y los demás viajeros se quedaban a dormir todos juntos con sus animales pasando las noches sin novedad. Don Vicente era una persona muy bueno y amable, por lo que llegaron tranquilos a la Ciudad del Cusco siempre con su hija menor Jesusa. La niña por naturaleza inquieta por ver otras personas de otros lugares y las casas aun un rústicos en su construcción, Jesusa le parecía sorprenderse de la ciudad del Cusco. Y así se separaron de los demás acompañantes, cada uno por su lado. Don Vicente y su hijita empezaron a amarrar a las llamas en una esquina de la plaza del Cusco, para que no se pierdan, descargando los productos que habían traído desde lampa, para intercambiar con otros productos Don Vicente y su hija menor Jesusa contentos empezaron a hacer el “Trueque” el charqui por el maíz, el chuño por las frutas y entre otros. Don Vicente y su hija empezaron a empacaron y alistar la sus llamas cada uno con sus respectivas cargar para el retorno de viaje, esta vez de Cusco a Lampa respectivamente a su comunidad. En el trayecto de retorno se juntaron con otros viajeros y viajeras , se mostró con cierta tranquilidad hasta, que llegaron a la Ciudad Urcos, acompañado con otras personas desde ese punto cada uno se retiró pon su ruta, mientras, mientras don Vicente y su hija Jesusa, regresaban solos arreando sus llamas ya que el viaje era largo de días y noches fue así que la noche se les venía, Jesusa su hija menor se quejaba diciendo que ya no tenía fuerzas para seguir y que quería dormir. Don Vicente observo una choza a lo largo del camino y llegando allí, era una choza sin importar su apariencia empezó a descargar de las llamas los costales de productos y luego los amarro a las llamas junto a la choza, después don Vicente empezó a cocinar en aquella Choza. Don Vicente de repente tuvo un mal presentimiento, porque la Choza se encontraba en un lugar donde no existía ninguna casa ni choza y estaba abandonada, después encontró paja y se dio cuenta como si alguien se había revolcado, la noche se fuel tornando mas oscuro, le dio de cenar su hija Jesusa, y con la paja le creo una camita para que pudiera descansar y menciono que él se dormiría mas rato. Salió de choza don Vicente y se miró a fuera por todas partes y sorpresivamente vio un venado a cierta distancia que saltaba de un lado a otro lado no solo eso que aparecía de repente en minutos en las rocas hacia movimientos extraños que se podía ver por la iluminación de la luna que era muy tenue. Don Vicente sorprendido del venado, pensó que era mejor amarrar a la llamas junto a la choza y a la llama mas grande amarrar junto a la puerta de la choza ya que era una de las llamas que era guía para los demás camélidos, don Vicente entro a la choza ya que la choza no tenia puerta, se dispuso a tapar con una lliclla la puerta de la choza, cojio un poco de paja para hacer una cruz de dicha paja, así mismo saco su peine , el espejo y el látigo darse una pestañeada junto a su hija menor Jesusa ya que ellas estaba durmiendo. Repentinamente y escucho una voz estremecedor que decía que decía, ¡quien está en mi casa! Se olía un olor a azufre, y arreaba a las llamas, pero los animales hacían unos gemidos muy extraños que jamar había escuchado en su vida, y seguía repitiendo una voz con cierto grito espantoso,. Don Vicente su cuerpo de repente empezó a temblar de repente, y pensó que era el condenado, que los viajeros siempre hablaban que en ciertas hora aparecían, y su sospecha era cierto de que se trataba del condenado.por que se notaba por la rendija de la puerta que se acercaba mas, se le notaba que de la cabeza sobre salía unos cuernos, y con el reflejo de la luna se podía divisar su rostro era horrible espantoso. Don Vicente empezó a rezar mientras rezaba, picchaba su coca, fumaba y tomaba su alcohol sin hacer ruido. De repente las llamas empezaron a pararse y se acercaron a la puerta de la choza, la llama mas grande se posesiono en la misma puerta se sentó poniendo su trasero en toda la puerta prácticamente tapando toda la puerta, como si este animal protegiera a su dueño, lanzado escopetazos lo mismo hicieron las de mas llamas, no le dejaban pasar la puerta al condenado estas llamas. El condenado insistía con entrar a la choza. Don Vicente rezaba y pedían que no despertara su hija menor. Pero la niña estaba en un sueño muy profundo sin imaginar lo que estaba pasando su papá, don Vicente siempre llebava consiguo una biblia agarro esa biblia empezó a rezar y rezar. Al no dejarle entrar a la choza las llams el condenado empezó a gritar, era un grito de ultratumba. Al condenado no le quedo otra idea que subir al techo, y nuevamente hablo fuera de mi casa, don Vicente asustado decía se va entrar por el techo ya que el condenado rasgaba las pajas del techo para poder entrar por allí, paraban las horas de la noche, sin imaginarlo se escuchó a lo lejos el canto de un gallo, y el condenado lanzo un grito estremecedor diciendo ¡quien se quedó en mi casa!, nuevamente se escucho el canto de un gallo, y otro tres veces el canto del gallo, su hija jesusa para su suerte de don Vicente no escucho nada de los ruidos ni lo que pasaba su papaá, de repente se convirtió en silencio, la llama se levantó de la puerta. Don Vicente al ver que no había nada de ruido, aun tenia su puerto tembloroso de tanto susto de aquel condenado, entre susto salió a mirar con su vela y no vio nada, sin pensarlo dos veces empezó a cargar a sus llamas los productos ya que empezaba a amanecer. Sin dormir aquella noche. Con los ojos rojizos y a un asustado empezó a ser despertar a su hija de su sueño profundo, la niña entre sueños empezó a despertar, preguntándole a su papá, pero papá es muy madrugada. Don Vicente le contesto que era muy mucho mejor viajar de madrugada de retorno a casa, así partieron ya amanecía mas y encontró una carretera en medio de un barranco y se escuchó el sonido de una campanilla, paso el camino y apareció un perro, que se acercaba a la niña, pero. Don Vicente siempre botaba al animal, pero este perro no tenia cara de perro, después de un rato subió a un cerro, miro don Vicente y vaya sorpresa que lo venia siguiendo. Don Vicente agarro su látigo y lo empezó a chicotear la perro, diciéndole que por que le seguía, que sete se había convertido en un condenado, le grito don Vicente diciendo fuera fuera yo no soy igual que tú condenado yó no camino tu destino yo soy un cristiano y no soy un condenado entre látigos y látigos . este perro desapareció, su hija empezó a llorar diciendo papá quiero llegar a casa de mi mamá , don Vicente le abrazo muy fuerte a su hija y prosiguieron con su viaje , llegando a su destino a Lampa naturalmente a su comunidad de Ceja Miraflores. Y desde ese día don Vicente jamás viajo solo. Siempre con compañía de otras personas.

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El viajero lampeño. Había una vez un abuelo llamado. Vicente Cari, que vivió en la comunidad ceja Miraflores, perteneciente a nuestra provincia de Lampa, en aquellos tiempos no existía medios de transporte, por lo que las persona se trasladaban largas distancia como a otros departamentos, que para llegar a su destino demoraban semanas y meses , por lo que viajaban solo a pie con sus llamas llevando cargas de productos tales como el charqui,el chuño, la quinua, la cañihua y entre otros, para su intercambio de otros productos, como el maíz y las frutas, , a lo que ellos llamaban (el trueque). Don Vicente en ese entonces tenía la necesidad de hacer un largo viaje por lo que busco viajeros a ls ciudad del Cusco, en que a algunos pobladores de la comunidad y del pueblo de Lampa les preguntaba, que si alguien viajaría hacia cusco, para poder acompañar, para su suerte no había nadie quien viajara a dicho lugar en ese entonces, y al pasar las horas no puedo encontrar a nadie. Por lo que don Vicente Cari, se dijo así mismo ¡iré con mi hija menor Jesusa! Para que me haga compañía en todo el trayecto y de paso me ayudara a arrear las llamas, para entonces la hija menor solo tenía tan solamente 7 añitos, fue a su casa y le dijo a su esposa sobre su plan del viaje y compañía, su esposa le contesto con cierta tristeza que tuviera mucho cuidado en el trayecto del viaje. Don Vicente, lo tuvo en cuenta y se alisto, y su esposa le preparó su fiambre “cañihuaco” cigarro, coca, alcohol y su látigo, así mismo peino y espejo porque se decía que en esos tiempos siempre los viajeros encontraban con sorpresas nada deseables, sin más escuchar otras cosas a su esposa se marcharon camino al Cusco con su hija menor Jesusa, llevando consigo varias llamas cada uno de estos animales llevaban en su lomo carga de productos para su intercambio. En el trayecto de lampa a Cusco caminaban tranquilos y a medio camino se encontraban con personas, y se hacían compañía hacia Cusco,. Al llegar a los pies del cerro Ausangate, don Vicente no se preocupó porque estaba con otro viajero más, ya que este cerro tiene cierta fama de que existe los llamados “condenados” personas que se condenaron después de muertos, y que viven en este cerro estaos condenados, don Vicente saco su cigarro y fumo, tomo su alcohol y siguió su ruta, por lo que sus acompañantes también hicieron lo mismo. Muchas veces su hija menor de don Vicente se quedaba dormida en el trayecto, cargándola en su atado en el hombro don Vicente, ya que el viaje era días y noches don Vicente y los demás viajeros se quedaban a dormir todos juntos con sus animales pasando las noches sin novedad. Don Vicente era una persona muy bueno y amable, por lo que llegaron tranquilos a la Ciudad del Cusco siempre con su hija menor Jesusa. La niña por naturaleza inquieta por ver otras personas de otros lugares y las casas aun un rústicos en su construcción, Jesusa le parecía sorprenderse de la ciudad del Cusco. Y así se separaron de los demás acompañantes, cada uno por su lado. Don Vicente y su hijita empezaron a amarrar a las llamas en una esquina de la plaza del Cusco, para que no se pierdan, descargando los productos que habían traído desde lampa, para intercambiar con otros productos Don Vicente y su hija menor Jesusa contentos empezaron a hacer el “Trueque” el charqui por el maíz, el chuño por las frutas y entre otros. Don Vicente y su hija empezaron a empacaron y alistar la sus llamas cada uno con sus respectivas cargar para el retorno de viaje, esta vez de Cusco a Lampa respectivamente a su comunidad. En el trayecto de retorno se juntaron con otros viajeros y viajeras , se mostró con cierta tranquilidad hasta, que llegaron a la Ciudad Urcos, acompañado con otras personas desde ese punto cada uno se retiró pon su ruta, mientras, mientras don Vicente y su hija Jesusa, regresaban solos arreando sus llamas ya que el viaje era largo de días y noches fue así que la noche se les venía, Jesusa su hija menor se quejaba diciendo que ya no tenía fuerzas para seguir y que quería dormir. Don Vicente observo una choza a lo largo del camino y llegando allí, era una choza sin importar su apariencia empezó a descargar de las llamas los costales de productos y luego los amarro a las llamas junto a la choza, después don Vicente empezó a cocinar en aquella Choza. Don Vicente de repente tuvo un mal presentimiento, porque la Choza se encontraba en un lugar donde no existía ninguna casa ni choza y estaba abandonada, después encontró paja y se dio cuenta como si alguien se había revolcado, la noche se fuel tornando mas oscuro, le dio de cenar su hija Jesusa, y con la paja le creo una camita para que pudiera descansar y menciono que él se dormiría mas rato. Salió de choza don Vicente y se miró a fuera por todas partes y sorpresivamente vio un venado a cierta distancia que saltaba de un lado a otro lado no solo eso que aparecía de repente en minutos en las rocas hacia movimientos extraños que se podía ver por la iluminación de la luna que era muy tenue. Don Vicente sorprendido del venado, pensó que era mejor amarrar a la llamas junto a la choza y a la llama mas grande amarrar junto a la puerta de la choza ya que era una de las llamas que era guía para los demás camélidos, don Vicente entro a la choza ya que la choza no tenia puerta, se dispuso a tapar con una lliclla la puerta de la choza, cojio un poco de paja para hacer una cruz de dicha paja, así mismo saco su peine , el espejo y el látigo darse una pestañeada junto a su hija menor Jesusa ya que ellas estaba durmiendo. Repentinamente y escucho una voz estremecedor que decía que decía, ¡quien está en mi casa! Se olía un olor a azufre, y arreaba a las llamas, pero los animales hacían unos gemidos muy extraños que jamar había escuchado en su vida, y seguía repitiendo una voz con cierto grito espantoso,. Don Vicente su cuerpo de repente empezó a temblar de repente, y pensó que era el condenado, que los viajeros siempre hablaban que en ciertas hora aparecían, y su sospecha era cierto de que se trataba del condenado.por que se notaba por la rendija de la puerta que se acercaba mas, se le notaba que de la cabeza sobre salía unos cuernos, y con el reflejo de la luna se podía divisar su rostro era horrible espantoso. Don Vicente empezó a rezar mientras rezaba, picchaba su coca, fumaba y tomaba su alcohol sin hacer ruido. De repente las llamas empezaron a pararse y se acercaron a la puerta de la choza, la llama mas grande se posesiono en la misma puerta se sentó poniendo su trasero en toda la puerta prácticamente tapando toda la puerta, como si este animal protegiera a su dueño, lanzado escopetazos lo mismo hicieron las de mas llamas, no le dejaban pasar la puerta al condenado estas llamas. El condenado insistía con entrar a la choza. Don Vicente rezaba y pedían que no despertara su hija menor. Pero la niña estaba en un sueño muy profundo sin imaginar lo que estaba pasando su papá, don Vicente siempre llebava consiguo una biblia agarro esa biblia empezó a rezar y rezar. Al no dejarle entrar a la choza las llams el condenado empezó a gritar, era un grito de ultratumba. Al condenado no le quedo otra idea que subir al techo, y nuevamente hablo fuera de mi casa, don Vicente asustado decía se va entrar por el techo ya que el condenado rasgaba las pajas del techo para poder entrar por allí, paraban las horas de la noche, sin imaginarlo se escuchó a lo lejos el canto de un gallo, y el condenado lanzo un grito estremecedor diciendo ¡quien se quedó en mi casa!, nuevamente se escucho el canto de un gallo, y otro tres veces el canto del gallo, su hija jesusa para su suerte de don Vicente no escucho nada de los ruidos ni lo que pasaba su papaá, de repente se convirtió en silencio, la llama se levantó de la puerta. Don Vicente al ver que no había nada de ruido, aun tenia su puerto tembloroso de tanto susto de aquel condenado, entre susto salió a mirar con su vela y no vio nada, sin pensarlo dos veces empezó a cargar a sus llamas los productos ya que empezaba a amanecer. Sin dormir aquella noche. Con los ojos rojizos y a un asustado empezó a ser despertar a su hija de su sueño profundo, la niña entre sueños empezó a despertar, preguntándole a su papá, pero papá es muy madrugada. Don Vicente le contesto que era muy mucho mejor viajar de madrugada de retorno a casa, así partieron ya amanecía mas y encontró una carretera en medio de un barranco y se escuchó el sonido de una campanilla, paso el camino y apareció un perro, que se acercaba a la niña, pero. Don Vicente siempre botaba al animal, pero este perro no tenia cara de perro, después de un rato subió a un cerro, miro don Vicente y vaya sorpresa que lo venia siguiendo. Don Vicente agarro su látigo y lo empezó a chicotear la perro, diciéndole que por que le seguía, que sete se había convertido en un condenado, le grito don Vicente diciendo fuera fuera yo no soy igual que tú condenado yó no camino tu destino yo soy un cristiano y no soy un condenado entre látigos y látigos . este perro desapareció, su hija empezó a llorar diciendo papá quiero llegar a casa de mi mamá , don Vicente le abrazo muy fuerte a su hija y prosiguieron con su viaje , llegando a su destino a Lampa naturalmente a su comunidad de Ceja Miraflores. Y desde ese día don Vicente jamás viajo solo. Siempre con compañía de otras personas.

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El viajero lampeño. Había una vez un abuelo llamado. Vicente Cari, que vivió en la comunidad ceja Miraflores, perteneciente a nuestra provincia de Lampa, en aquellos tiempos no existía medios de transporte, por lo que las persona se trasladaban largas distancia como a otros departamentos, que para llegar a su destino demoraban semanas y meses , por lo que viajaban solo a pie con sus llamas llevando cargas de productos tales como el charqui,el chuño, la quinua, la cañihua y entre otros, para su intercambio de otros productos, como el maíz y las frutas, , a lo que ellos llamaban (el trueque). Don Vicente en ese entonces tenía la necesidad de hacer un largo viaje por lo que busco viajeros a ls ciudad del Cusco, en que a algunos pobladores de la comunidad y del pueblo de Lampa les preguntaba, que si alguien viajaría hacia cusco, para poder acompañar, para su suerte no había nadie quien viajara a dicho lugar en ese entonces, y al pasar las horas no puedo encontrar a nadie. Por lo que don Vicente Cari, se dijo así mismo ¡iré con mi hija menor Jesusa! Para que me haga compañía en todo el trayecto y de paso me ayudara a arrear las llamas, para entonces la hija menor solo tenía tan solamente 7 añitos, fue a su casa y le dijo a su esposa sobre su plan del viaje y compañía, su esposa le contesto con cierta tristeza que tuviera mucho cuidado en el trayecto del viaje. Don Vicente, lo tuvo en cuenta y se alisto, y su esposa le preparó su fiambre “cañihuaco” cigarro, coca, alcohol y su látigo, así mismo peino y espejo porque se decía que en esos tiempos siempre los viajeros encontraban con sorpresas nada deseables, sin más escuchar otras cosas a su esposa se marcharon camino al Cusco con su hija menor Jesusa, llevando consigo varias llamas cada uno de estos animales llevaban en su lomo carga de productos para su intercambio. En el trayecto de lampa a Cusco caminaban tranquilos y a medio camino se encontraban con personas, y se hacían compañía hacia Cusco,. Al llegar a los pies del cerro Ausangate, don Vicente no se preocupó porque estaba con otro viajero más, ya que este cerro tiene cierta fama de que existe los llamados “condenados” personas que se condenaron después de muertos, y que viven en este cerro estaos condenados, don Vicente saco su cigarro y fumo, tomo su alcohol y siguió su ruta, por lo que sus acompañantes también hicieron lo mismo. Muchas veces su hija menor de don Vicente se quedaba dormida en el trayecto, cargándola en su atado en el hombro don Vicente, ya que el viaje era días y noches don Vicente y los demás viajeros se quedaban a dormir todos juntos con sus animales pasando las noches sin novedad. Don Vicente era una persona muy bueno y amable, por lo que llegaron tranquilos a la Ciudad del Cusco siempre con su hija menor Jesusa. La niña por naturaleza inquieta por ver otras personas de otros lugares y las casas aun un rústicos en su construcción, Jesusa le parecía sorprenderse de la ciudad del Cusco. Y así se separaron de los demás acompañantes, cada uno por su lado. Don Vicente y su hijita empezaron a amarrar a las llamas en una esquina de la plaza del Cusco, para que no se pierdan, descargando los productos que habían traído desde lampa, para intercambiar con otros productos Don Vicente y su hija menor Jesusa contentos empezaron a hacer el “Trueque” el charqui por el maíz, el chuño por las frutas y entre otros. Don Vicente y su hija empezaron a empacaron y alistar la sus llamas cada uno con sus respectivas cargar para el retorno de viaje, esta vez de Cusco a Lampa respectivamente a su comunidad. En el trayecto de retorno se juntaron con otros viajeros y viajeras , se mostró con cierta tranquilidad hasta, que llegaron a la Ciudad Urcos, acompañado con otras personas desde ese punto cada uno se retiró pon su ruta, mientras, mientras don Vicente y su hija Jesusa, regresaban solos arreando sus llamas ya que el viaje era largo de días y noches fue así que la noche se les venía, Jesusa su hija menor se quejaba diciendo que ya no tenía fuerzas para seguir y que quería dormir. Don Vicente observo una choza a lo largo del camino y llegando allí, era una choza sin importar su apariencia empezó a descargar de las llamas los costales de productos y luego los amarro a las llamas junto a la choza, después don Vicente empezó a cocinar en aquella Choza. Don Vicente de repente tuvo un mal presentimiento, porque la Choza se encontraba en un lugar donde no existía ninguna casa ni choza y estaba abandonada, después encontró paja y se dio cuenta como si alguien se había revolcado, la noche se fuel tornando mas oscuro, le dio de cenar su hija Jesusa, y con la paja le creo una camita para que pudiera descansar y menciono que él se dormiría mas rato. Salió de choza don Vicente y se miró a fuera por todas partes y sorpresivamente vio un venado a cierta distancia que saltaba de un lado a otro lado no solo eso que aparecía de repente en minutos en las rocas hacia movimientos extraños que se podía ver por la iluminación de la luna que era muy tenue. Don Vicente sorprendido del venado, pensó que era mejor amarrar a la llamas junto a la choza y a la llama mas grande amarrar junto a la puerta de la choza ya que era una de las llamas que era guía para los demás camélidos, don Vicente entro a la choza ya que la choza no tenia puerta, se dispuso a tapar con una lliclla la puerta de la choza, cojio un poco de paja para hacer una cruz de dicha paja, así mismo saco su peine , el espejo y el látigo darse una pestañeada junto a su hija menor Jesusa ya que ellas estaba durmiendo. Repentinamente y escucho una voz estremecedor que decía que decía, ¡quien está en mi casa! Se olía un olor a azufre, y arreaba a las llamas, pero los animales hacían unos gemidos muy extraños que jamar había escuchado en su vida, y seguía repitiendo una voz con cierto grito espantoso,. Don Vicente su cuerpo de repente empezó a temblar de repente, y pensó que era el condenado, que los viajeros siempre hablaban que en ciertas hora aparecían, y su sospecha era cierto de que se trataba del condenado.por que se notaba por la rendija de la puerta que se acercaba mas, se le notaba que de la cabeza sobre salía unos cuernos, y con el reflejo de la luna se podía divisar su rostro era horrible espantoso. Don Vicente empezó a rezar mientras rezaba, picchaba su coca, fumaba y tomaba su alcohol sin hacer ruido. De repente las llamas empezaron a pararse y se acercaron a la puerta de la choza, la llama mas grande se posesiono en la misma puerta se sentó poniendo su trasero en toda la puerta prácticamente tapando toda la puerta, como si este animal protegiera a su dueño, lanzado escopetazos lo mismo hicieron las de mas llamas, no le dejaban pasar la puerta al condenado estas llamas. El condenado insistía con entrar a la choza. Don Vicente rezaba y pedían que no despertara su hija menor. Pero la niña estaba en un sueño muy profundo sin imaginar lo que estaba pasando su papá, don Vicente siempre llebava consiguo una biblia agarro esa biblia empezó a rezar y rezar. Al no dejarle entrar a la choza las llams el condenado empezó a gritar, era un grito de ultratumba. Al condenado no le quedo otra idea que subir al techo, y nuevamente hablo fuera de mi casa, don Vicente asustado decía se va entrar por el techo ya que el condenado rasgaba las pajas del techo para poder entrar por allí, paraban las horas de la noche, sin imaginarlo se escuchó a lo lejos el canto de un gallo, y el condenado lanzo un grito estremecedor diciendo ¡quien se quedó en mi casa!, nuevamente se escucho el canto de un gallo, y otro tres veces el canto del gallo, su hija jesusa para su suerte de don Vicente no escucho nada de los ruidos ni lo que pasaba su papaá, de repente se convirtió en silencio, la llama se levantó de la puerta. Don Vicente al ver que no había nada de ruido, aun tenia su puerto tembloroso de tanto susto de aquel condenado, entre susto salió a mirar con su vela y no vio nada, sin pensarlo dos veces empezó a cargar a sus llamas los productos ya que empezaba a amanecer. Sin dormir aquella noche. Con los ojos rojizos y a un asustado empezó a ser despertar a su hija de su sueño profundo, la niña entre sueños empezó a despertar, preguntándole a su papá, pero papá es muy madrugada. Don Vicente le contesto que era muy mucho mejor viajar de madrugada de retorno a casa, así partieron ya amanecía mas y encontró una carretera en medio de un barranco y se escuchó el sonido de una campanilla, paso el camino y apareció un perro, que se acercaba a la niña, pero. Don Vicente siempre botaba al animal, pero este perro no tenia cara de perro, después de un rato subió a un cerro, miro don Vicente y vaya sorpresa que lo venia siguiendo. Don Vicente agarro su látigo y lo empezó a chicotear la perro, diciéndole que por que le seguía, que sete se había convertido en un condenado, le grito don Vicente diciendo fuera fuera yo no soy igual que tú condenado yó no camino tu destino yo soy un cristiano y no soy un condenado entre látigos y látigos . este perro desapareció, su hija empezó a llorar diciendo papá quiero llegar a casa de mi mamá , don Vicente le abrazo muy fuerte a su hija y prosiguieron con su viaje , llegando a su destino a Lampa naturalmente a su comunidad de Ceja Miraflores. Y desde ese día don Vicente jamás viajo solo. Siempre con compañía de otras personas.

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El cuidador de la naturaleza Había una vez un niño que se llamaba Juan, vivía en Perú con sus Padres y le gustaban mucho los animales, siempre en las tardes se ponía a jugar con ellos y a cuidarlo dándoles de comer y limpiándolos. Los animales para él eran su familia, su papá trabajaba, pero no ganaba mucho dinero, de igual manera su mamá. Un día sus padres le dijeron que tenían que mudarse, ya que necesitaban trabajar más, a él le dio mucha tristeza dejar a sus animales ya que no sabía quién los iba a cuidar y alimentar, le dijo a su padre si se podía quedar con otro de sus familiares y su papá se puso a pensar en su hermano, le contesto diciendo okey (de una manera no tan de acuerdo ya que hace tiempo no veía a su hermano) él le pregunto a su papá si podía llevar a sus animales y le dijo que sí. Al día siguiente sus padres se alistaron para irse dé viaje a Lima y Juan también se alistaba para ir a la casa de su tío. Fue y se encontró con 2 niños que eran sus primos, su tío le dio un cuarto, él se puso a ordenar sus cosas y en eso uno de sus primos que se llamaba Ernesto, él le pregunto qué porque había ido a su casa él le respondió que, porque sus padres necesitaban más dinero y se fueron de viaje, Ernesto se rio, pero Juan lo quedo mirando de una manera de medio molesto porque no entendía de que se reía. Le pregunto porque se reía y él le dijo porque era pobre, Juan se molestó y le dijo que salga de su cuarto. Juan salió de la casa de su tío un rato para alimentar a sus animes y juagar con ellos, en eso vino su prima Victoria y le pregunto si podía jugar con él y sus animales, le dijo que si, luego de jugar un buen rato con su prima fueron a la casa, su tío les pregunto dónde estaban ellos le dijeron que estaban jugando con los animales de Juan, y les dijo que la próxima vez avisen que van a salir. Al día siguiente al tomar desayuno su tío se puso a rezar, pero Juan no sabía que rezaban antes de comer y el ya no tenía nada, en so su tío le dijo que, porque se había tomado su desayuno sin rezar, él le respondió que porque él no rezaba antes de desayunar su tío lo envió a su cuarto por haber realizado esa acción y su primo Ernesto se rio de él. Luego le pregunto a su tío si podía salir a ver a sus animales le dijo que si, en eso él se puso a pensar en que quería ser de grande y se puso a pensar mucho ya que sus padres siempre querían que sea abogado, pero a él no le parecía muy buena la idea, luego se fue a almorzar y luego a dormir. Todos los días salía y se ponía a pensar que quería ser de grande, en eso vino Victoria su prima y le dijo que podía ser veterinario, a él le pareció una buena idea, así que llamo a sus padres y les dijo que ya sabía que quería ser de grande y les conto que iba a ser veterinario ya que le gustaban mucho los animales, ellos le dijeron que esa carrera era muy cara él les dijo que no se preocuparan. Juan tenía una idea en mente era que si se esforzaba mucho en el colegio iba a poder lograr lo que quería así que el comenzó a esforzase mucho más de lo que hacía en el colegio llego hacer el mejor estudiante del salón él se puso muy feliz por eso. Su primo siempre le decía que no iba a poder llegar hacer un veterinario, pero a él no le importo lo que le decían ya que él sabía que podía lograra lo que se proponía. Cuando le faltaba un año de secundaria se fue a Lima para poder trabajar y poder ganar más dinero ya que tenía media beca para su universidad, para también poder pagar la parte que le faltaba, mientras deja a sus animales con su prima Victoria le había prometido cuidarlos mucho. Al irse no quería dejar a sus animales, pero él se dio cuenta que era para algo bueno así que se fue a estudiar. Luego de terminar fue donde vivían sus primos y su tío, ellos se quedaron sorprendidos porque si pudo llegar a ser un gran veterinario. Luego fue a visitar a sus padres y se pusieron muy alegres porque si pudo lograr lo que él siempre quizo. Y pudo ayudar a muchos animales que necesitaban ayuda.

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Lucero, la niña hecha mujer En el pueblo de Ocros, distrito de Huamanga, ubicado en el departamento de Ayacucho, tierra de esbeltas vicuñas y aves que posan dócilmente en la puna, ahí vivía Lucero, junto a su madre. Para Lucero, los días eran difíciles porque su madre la maltrataba y siempre le reprochaba que, a causa de su llegada, su esposo la había dejado. Un día una de sus tías le contó que sus padres, Isabel y Máximo, se querían mucho. Tu papá estaba muy ansioso de tu nacimiento -le dijo, pero él quería que llegue un hijo hombre. Por las tardes le acariciaba la panza a tu mamá y le cantaba: Hijito mío, pronto llegarás Y cuando seas grande, tú me ayudarás Juntos labraremos esta bendita tierra, y cuidaremos de nuestros animalitos. Lucero sonreía cuando su tía le contaba esas historias. A través de ellas, sentía el cariño que le había brindado su padre. Tía, me cuentas, ¿cómo nací? – preguntó Lucero. Y su tía le dijo: Cierta mañana, Isabel iba al corral del pueblo y tu papá le pidió que no vaya, pues ya estaba en días de dar a luz. Pero tu mamá le respondió que no tenga temor, pues ella era una mujer fuerte. Y así tu mamá se fue hacia los jatos, iba cantando cuando a medio camino comenzó con los dolores de parto y como mujer fuerte que era, como somos las mujeres de este pueblo, ahí te trajo al mundo. Ella misma cortó su placenta con una piedra filuda. Y cuando quiso abrigarte con su manta, se dio cuenta que eras una niña. ¡No!, warmicha, no- gritó tu mamá, yo quería mi jari, ahora qué le diré al Máximo- era la preocupación de Isabel. Mejor la dejaré por aquí y diré que nació muerta- fue su pensamiento desesperado. Y así lo hizo, te dejó sobre unas pajas. Y cuando regresaba a su casa se encontró con su suegra, doña Victoria Morales. ¿Qué haces por aquí, Isabelacha? ¿Ya no tienes panza? ¿Ya nació mi nieto? ¿Dónde está? ¿Ya Máximo estará contento?, era una avalancha de preguntas. Tu mamá agachó la cabeza y le dijo: -Ha nacido mujer, por eso la he dejado en el camino, encima de unas pajas. -¿Cómo vas a hacer eso? – le reprochó doña Victoria- ahora mismo vamos a regresar Isabelacha, recoges a tu hija y le vas a dar de mamar, no seas mala madre. Así fue como tu madre Isabel y tu abuela Victoria llegaron hasta tu casa. Pero cuando tu padre te vio y supo que eras una niña en vez del varón que tanto deseaba se molestó mucho. Todos los familiares le calmaron diciéndole que así Dios manda y que hay que aceptar su voluntad. A las pocas semanas te bautizaron y te pusieron de nombre Lucero, porque desde pequeña has tenido unos grandes y hermosos ojos. Pero desde ese tiempo ya tus padres empezaron con los problemas y cuando tú cumpliste los dos años, tu papá se alejó del hogar. Por eso tu madre se quedó con mucha tristeza y rabia contra la vida. Cuando su tía le contaba esta parte de su historia, Lucero sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. Desde pequeña, Lucero, iba a cuidar las ovejas de sus tíos y en pago ellos le daban maíz, leche, queso y otros alimentos que traían de la ciudad, pero Isabel nunca estaba conforme y siempre le echaba la culpa a su hija, por todas las cosas malas que le sucedían. -Mujer, no sirves, no vales nada – le reprochaba Isabel a su hija. Y Lucero apretaba los labios y en silencio lloraba. Lucero siguió creciendo y ya tenía 12 años, se había convertido en una adolescente muy hermosa. Tenía una belleza silvestre y natural, como las esbeltas vicuñitas de su región; más de un jovencito quería conquistar su corazón, pero Lucero no tenía tiempo para esas cosas. Uno de esos días llegó al pueblo un apuesto vecino, era Celedonio, quien había regresado de Lima a celebrar sus veintisiete años junto a sus padres. Celedonio vestía ternos y en su bolsillo llevaba siempre su quena, todas las chicas del barrio suspiraban por él; pero Celedonio había quedado impresionado por la belleza de Lucero. Cuando la veía pasar se acercaba a ella y le cantaba: Ay, Lucerito, con tus ojos bonitos, has conquistado mi corazón. Ay, Lucerito, tú eres la luz que mi vida necesita. Te necesito para ser feliz. Lucero, por su parte, no tenía interés en Celedonio, pero su madre Isabel quería que se junten, pues pensaba que el joven tenía alguna fortuna en Lima. Y fue así, que las madres de Lucero y Celedonio arreglaron para que ellos se casen. Y llegó el día de la boda, todo parecía felicidad, pero a los tres meses de casados, Celedonio y Lucero se separaron. Él decía que ella no sabía comportarse como la señora de la casa y tampoco sabía cocinar. Así fue como Lucero regresó a su casa, junto a su madre. Ella no paraba de gritarle que no servía para nada, ni para contentar a su esposo. Lucero sufría mucho, pero se consolaba pensando: -Mejor estoy en mi casa, junto a mi madre, en lugar de estar junto a un hombre que solo sirve para tomar y chacchar coca. Pero en el fondo, Lucero extrañaba a Celedonio, pues en los meses de convivencia él nunca le había ofendido. Pero la tía que siempre iba a saludarle, llegó una de esas tardes a su casa y le dijo que mejor denuncie a Celedonio, pues aún era menor de edad. Y luego se fue a casa de Celedonio a reclamarle. Cuando Celedonio se enteró que podían denunciarle fue a conversar con su mamá y con Isabel para arreglar las cosas. Ya en casa de Isabel, Celedonio conversó con Lucero y le dijo que le perdone por haberla dejado abandonada, le pidió que regrese con él, porque eran esposos y le prometió que él le enseñaría a cocinar, pues en Lima había aprendido. Lucero aceptó el pedido de Celedonio y le dijo que lo que más le molestaba era que se iba con sus amigos a tomar. También le aseguró que aprendería a cocinar. Y le hizo prometer que le apoyaría para que pueda continuar sus estudios de Secundaria. Entonces, Lucero y Celedonio volvieron a juntarse y luego de unos meses, Celedonio recibió una oferta de trabajo desde Lima, su padrino le había conseguido un trabajo en una ladrillería. Esta fue una gran oportunidad, Lucero continuaría sus estudios en Lima y dejaría atrás los tristes momentos que había vivido en su pueblo. Ahora, ya convertida en adulta, por el matrimonio, se abriría un mejor porvenir.

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